El reto
¿Qué nos hace humanos? ¿La capacidad de razonar, crear, sentir, anticipar futuros o transformar nuestro entorno? ¿Cuántas de estas capacidades compartimos con otras especies y cuántas hemos considerado exclusivamente nuestras porque seguimos observando la vida desde una perspectiva antropocéntrica?
En octubre, dedicamos nuestra sesión de Futuros Creativos a explorar los futuros de la humanidad desde el pensamiento poshumanista. Nos interesaba cuestionar las categorías con las que distinguimos lo humano de lo animal, lo natural de lo artificial y lo vivo de lo tecnológico, así como examinar las relaciones de dependencia, poder y responsabilidad que establecemos con otras formas de existencia.
Si nuestras imágenes del porvenir siguen colocando a la humanidad en el centro de todas las decisiones, ¿qué posibilidades estamos dejando fuera? ¿Podemos imaginar futuros compartidos en los que otras especies y entidades tengan necesidades, capacidades e intereses propios?
La propuesta de solución
Para esta sesión utilizamos Criaturas híbridas del antropoceno, un juego de cartas desarrollado por Jesús Bermejo desde una línea de investigación poshumanista. Las tarjetas nos permitieron experimentar con combinaciones de tecnologías, entidades naturales y problemáticas contemporáneas para imaginar nuevas formas de existencia en 2050.
A diferencia de otras sesiones, esta vez prescindimos del análisis habitual de tendencias como estructura principal. Adaptamos la mecánica del juego a un ejercicio colectivo de diseño especulativo, utilizando un canvas creado para Futuros Creativos.
El propósito era construir criaturas posibles, comprender las condiciones que permitirían su aparición y analizar cómo transformarían nuestra relación con otras especies, las tecnologías y los sistemas planetarios.
Proceso
Paso 1. ¿Qué nos hace humanos?
Comenzamos con una pregunta aparentemente sencilla: ¿Qué consideramos exclusivamente humano?
En el tablero de Miro, cada participante completó la frase «Algo que considero exclusivamente humano es…». Las respuestas incluyeron racionalidad, espiritualidad, creatividad, curiosidad, conciencia, metacognición, capacidad de diseñar, empatía, observación, anticipación de futuros y complejidad emocional.
Después revisamos colectivamente esas afirmaciones. La consigna consistió en agregar emojis a aquellas capacidades que también pudieran encontrarse en animales, plantas u otros organismos.
La conversación recuperó referencias filosóficas y científicas para discutir la racionalidad animal, la comunicación mediante signos, las conductas anticipatorias y las formas de adaptación de distintas especies. Surgieron ejemplos relacionados con perros, ballenas, hormigas, plantas y hongos.
El ejercicio permitió reconocer que algunas de las características utilizadas para definir nuestra excepcionalidad también pueden observarse, bajo expresiones diferentes, en otras formas de vida. Otras afirmaciones permanecieron abiertas, especialmente aquellas relacionadas con la espiritualidad, la metacognición y las experiencias subjetivas.
Esto nos llevó a cuestionar los criterios con los que atribuimos inteligencia, sensibilidad o capacidad de decisión a otros seres.
Paso 2. Pensar lo poshumano
Antes de diseñar las criaturas, introdujimos algunas ideas fundamentales del pensamiento poshumanista.
Partimos de reconocer que la existencia humana depende de relaciones constantes con microorganismos, animales, plantas, materiales, infraestructuras y procesos ecológicos. Para organizar la conversación propusimos cuatro dimensiones: lo humano, lo no humano, lo técnico y lo planetario.
También exploramos el concepto de ensamblajes híbridos, utilizando como ejemplo los plastiglomerados, materiales que combinan plástico fundido con componentes naturales. Su existencia permite observar cómo las actividades humanas ya están produciendo configuraciones materiales que cuestionan nuestras categorías tradicionales.
Esta introducción abrió preguntas sobre la autonomía, la inteligencia distribuida, los derechos y la responsabilidad. Si nuestras acciones transforman las condiciones de existencia de otras entidades, también necesitamos reconsiderar quiénes participan en las decisiones sobre los futuros compartidos.
Organizamos a las personas participantes en tres equipos. Cada uno recibió al azar tres tarjetas de distintas categorías:
-
Tecnología: sistemas, artefactos o infraestructuras creadas mediante la acción humana.
-
Entidad natural: animales, plantas, minerales, microorganismos o sistemas ecológicos.
-
Escenario: una problemática que condicionaría la aparición de la criatura en 2050.
Las combinaciones asignadas fueron:
|
Equipo |
Tecnología |
Entidad natural |
Escenario |
|---|---|---|---|
|
1 |
Interfaces |
Geología |
Pérdida de privacidad |
|
2 |
Industria |
Atmósfera |
Colapso energético |
|
3 |
Red digital |
Ecosistema |
Desigualdad radical |
Con estas condiciones, cada equipo debía imaginar una criatura híbrida y desarrollar su historia mediante el canvas.
Paso 4. Diseñar una criatura
El canvas proponía diez apartados para describir a cada criatura: su nombre, composición, origen en 2050, capacidades, necesidades, relaciones con los humanos, beneficios, perjuicios y transformaciones en aquello que consideraríamos normal o exclusivamente humano.
También incluía un espacio para dibujarla o representarla mediante un collage.
Los equipos trabajaron en salas separadas durante aproximadamente 25 minutos. La combinación aleatoria de tarjetas obligó a relacionar elementos que habitualmente analizamos por separado y a justificar las condiciones que permitirían la aparición de cada criatura.
Paso 5. Tres criaturas para 2050
De regreso a la plenaria, cada equipo presentó su propuesta y explicó las decisiones tomadas durante el ejercicio.
Equipo 1. Un gemelo geológico
El primer equipo imaginó una entidad amorfa compuesta por elementos geológicos y fluidos con propiedades particulares. Su capacidad principal consistía en obtener o regenerar agua a partir de materiales minerales.
Sin embargo, cada proceso de regeneración consumía parte de su propia existencia. La criatura tenía conciencia de su mortalidad y debía enfrentar la posibilidad de desaparecer mientras contribuía a resolver una necesidad humana.
Su propuesta introdujo una tensión ética: ¿qué sucede cuando la supervivencia de una especie depende del agotamiento de otra? ¿Quién decide cuánto puede sacrificarse una entidad para sostener la vida de los demás?
Equipo 2. Reptiles luminiscentes
El segundo equipo planteó un escenario de colapso energético y deterioro atmosférico. En estas condiciones, una nueva especie de reptiles desarrollaba bioluminiscencia tras alimentarse de luciérnagas.
Su aparición daba origen a una industria de iluminación orgánica basada en la crianza y distribución de estos organismos.
La criatura recibía protección jurídica para evitar su extinción, aunque seguía siendo utilizada como fuente energética. El equipo identificó además consecuencias ecológicas, como la disminución de poblaciones de insectos.
La propuesta permitió discutir las contradicciones entre protección, domesticación y explotación. También abrió una pregunta sobre nuestra disposición a modificar los espacios humanos para convivir con especies que no necesariamente serían dóciles.
Equipo 3. Platex
El tercer equipo imaginó un futuro posterior a una crisis de desigualdad radical, caracterizado por la concentración del control sobre las redes digitales.
Como respuesta surgía Platex, un gemelo digital del planeta inspirado en las relaciones de los ecosistemas. En este sistema, distintas entidades podrían representarse e interactuar bajo principios de interdependencia y responsabilidad.
El equipo optó por un escenario de reconstrucción y redistribución de capacidades. Sin embargo, la propuesta también conservaba mecanismos humanos de representación, gobierno y atribución de responsabilidades.
Esto permitió cuestionar hasta qué punto podemos imaginar formas de organización verdaderamente diferentes cuando nuestros referentes siguen siendo las instituciones y estructuras actuales.
Paso 6. ¿Podemos salir del antropocentrismo?
Las tres criaturas compartían un aspecto que se volvió central durante la reflexión colectiva: todas habían sido concebidas, en alguna medida, para resolver problemas humanos.
El gemelo geológico sacrificaba su existencia para producir agua. Los reptiles luminiscentes eran protegidos mientras proporcionaban energía. Platex reorganizaba el planeta digital para responder a una crisis de desigualdad humana.
Incluso cuando intentamos imaginar nuevas formas de existencia, tendemos a asignarles funciones vinculadas con nuestras necesidades.
También observamos que las propuestas reproducían algunas relaciones conocidas: explotación de recursos, domesticación de especies, jerarquías y estructuras de gobierno.
La discusión planteó nuevas posibilidades. ¿Qué ocurriría si una criatura rechazara ser domesticada? ¿Si sus necesidades fueran incompatibles con las nuestras? ¿Si desarrollara formas de organización que no pudiéramos controlar? ¿Qué tendríamos que transformar en nuestra manera de vivir para coexistir con ella?
Una de las reflexiones compartidas fue la dificultad de pensar fuera de las estructuras que conocemos. Surgió también la necesidad de imaginar relaciones de bienestar mutuo, donde otras formas de vida pudieran existir sin quedar subordinadas a los intereses humanos.
Paso 7. ¿Qué nos dejan las criaturas?
Para cerrar, regresamos al tablero de Miro con tres preguntas orientadas a reconocer aprendizajes, transformaciones y cuestionamientos derivados del ejercicio.
La conversación final permitió identificar algunas ideas, aunque las preguntas quedaron abiertas para recibir aportaciones posteriores. Las siguientes respuestas son síntesis interpretativas propuestas para la relatoría, no declaraciones textuales de las personas participantes.
¿Qué aprendimos?
Que muchas de nuestras ideas sobre inteligencia, creatividad y autonomía parten de referencias humanas. Reconocer capacidades en otras especies exige revisar cómo las observamos, estudiamos y valoramos.
¿Qué podríamos transformar?
Nuestra manera de diseñar tecnologías, instituciones y espacios de convivencia. Podríamos incorporar las necesidades de otras especies y entidades desde el inicio de las decisiones, considerando las consecuencias ecológicas y las relaciones de dependencia que generamos.
¿Qué necesitamos seguir cuestionando?
Por qué imaginamos con tanta facilidad criaturas que nos sirven, pero encontramos mayores dificultades para concebir entidades autónomas, con intereses propios o capaces de modificar las reglas de convivencia.
Conclusión
La sesión dejó una observación importante sobre la práctica de los estudios de futuros: incluso cuando disponemos de herramientas para imaginar escenarios radicalmente diferentes, nuestras propuestas pueden reproducir las estructuras sociales, políticas y económicas que conocemos.
El ejercicio hizo visibles los límites de nuestros propios referentes. Las criaturas imaginadas incorporaron transformaciones biológicas y tecnológicas significativas, pero conservaron relaciones de utilidad, subordinación y control que resultaban familiares.
Desde una perspectiva poshumanista, esto invita a ampliar las preguntas que utilizamos para construir futuros. ¿Quiénes participan en ellos? ¿A quiénes reconocemos capacidad de acción? ¿Qué formas de vida consideramos dignas de protección? ¿Cómo distribuimos beneficios, riesgos y responsabilidades entre especies y generaciones?
También surgió una reflexión sobre la imaginación. Su desarrollo requiere práctica, herramientas y disposición para cuestionar las respuestas que inicialmente nos parecen razonables. El juego permitió experimentar con esa dificultad y reconocer que imaginar otras formas de convivencia implica revisar nuestras propias categorías.
Las criaturas creadas en octubre nos dejaron una tarea pendiente: continuar explorando futuros en los que las relaciones entre humanos, otras especies, tecnologías y sistemas planetarios puedan organizarse bajo principios distintos a los que predominan actualmente.