Otros futuros

febrero 28, 2026

El reto

La sesión de febrero de Futuros Creativos partió de dos tensiones que definen cómo se vive y se habita hoy una ciudad como la nuestra: la crisis ambiental y la saturación de la movilidad urbana. Ambas comparten el hecho de que afectan a todas las personas todos los días, pero la capacidad de respuesta sigue fragmentada entre gobierno, comunidades, empresas e individuos.

El reto específico fue cómo activar conversación sobre futuros posibles del medio ambiente y la movilidad cuando las decisiones cotidianas parecen insignificantes frente a la escala del problema. La conciencia ambiental crece, la insatisfacción con el transporte es generalizada, pero la acción individual se percibe como insuficiente o desconectada de la transformación necesaria.

La pregunta central que atravesó la sesión fue: ¿qué pasa cuando la preocupación existe pero pareciera que la colaboración no se activa a tiempo? 

La propuesta de solución

La sesión se estructuró en cuatro momentos: activación inicial con encuestas en vivo, contextualización con tendencias reales, un juego en línea llamado Otros Futuros, y un cierre con compromisos de acción concreta.

El juego fue el corazón de la sesión. Otros Futuros es un juego de mesa para 4 jugadores sobre los posibles futuros del medio ambiente y la movilidad. Cada jugador encarna un personaje con una visión distinta de cómo resolver la problemática, y debe decidir turno a turno si cooperar o competir. El tablero se construye colocando fichas de colores en una cuadrícula de 4×4, y hay tres posibles desenlaces: todos ganan si los colores quedan equilibrados, gana un jugador si su color domina, o gana el juego (todos pierden) si las fichas se agotan antes de completar la cuadrícula.

La mecánica del juego replica una dinámica real de que cuando cada quien prioriza su propia agenda sin coordinarse con los demás, el sistema colapsa. La cooperación requiere ceder control individual para obtener un resultado colectivo viable.

Proceso

Paso 1 – Activación inicial y relación con el presente

La sesión inició con siete preguntas lanzadas a la audiencia a través de Mentimeter. Las respuestas, con una muestra de 3 participantes, revelaron un perfil claro del grupo y establecieron las coordenadas del presente desde el cual se explorarían los futuros.

¿Cuál es tu principal medio de transporte en un día normal?

El 67% de los participantes se mueve en auto propio y el 33% caminando. Ningún participante reportó usar bicicleta, patín, transporte público, taxi/app, moto u otro medio. Esto indica un grupo dependiente del vehículo privado, lo cual es consistente con la configuración urbana de muchas ciudades mexicanas donde la infraestructura prioriza al automóvil.

¿Cuánto tiempo pasas al día desplazándote?

El 100% del grupo reporta entre 30 y 60 minutos diarios de traslado. Nadie está por debajo de 30 minutos ni por encima de una hora. Es un rango moderado que probablemente subestima el tiempo real percibido cuando se incluyen esperas, estacionamiento y trayectos cortos intermedios.

¿Qué tan satisfecha estás con cómo te mueves hoy?

El 67% se declaró poco satisfecho con su movilidad actual y el 33% muy satisfecho. Nadie se ubicó en las opciones intermedias ni en nada satisfecho. Hay una polarización entre quienes experimentan fricción constante y quienes tienen resuelto su desplazamiento, probablemente vinculada al tipo de trayecto, distancia y acceso a infraestructura.

Si pudieras cambiar una sola cosa de la movilidad de tu ciudad, ¿cuál sería?

El 67% eligió mejor transporte público y el 33% menos tiempo de traslado. Nadie seleccionó menos tráfico, más seguridad ni menos contaminación. La prioridad del grupo apunta a infraestructura colectiva y eficiencia temporal, lo cual conecta directamente con las tendencias de movilidad saturada y la desconexión entre transporte masivo y planeación urbana que se explorarían durante la sesión.

¿Qué tan presente está la preocupación ambiental en tus decisiones?

El 100% respondió que la preocupación ambiental influye bastante en lo que hace. Nadie se ubicó en los extremos de indiferencia ni de prioridad absoluta. Esto sugiere un grupo que reconoce el tema como relevante y lo incorpora en sus decisiones, pero que aún no lo coloca como eje central de su vida cotidiana. La brecha entre conciencia y acción transformadora sería un tema recurrente durante la sesión.

Cuando piensas en “medio ambiente” qué es lo primero que piensas

Las respuestas se distribuyeron de manera equitativa: 33% asoció medio ambiente con basura y contaminación urbana, 33% con animales y biodiversidad, y 33% con políticas y leyes ambientales. Nadie seleccionó cambio climático y calor extremo ni naturaleza y áreas verdes. Esto indica que el grupo piensa el medio ambiente desde lo concreto y lo gestionable (contaminación visible, regulación, fauna), más que desde abstracciones climáticas globales.

¿En los últimos 5 años has notado cambios en el clima?

El 100% respondió que sí, que hace más calor la mayor parte del año. No hubo dispersión hacia frío, lluvias atípicas, indiferencia o duda. La unanimidad refuerza la percepción compartida de un cambio climático tangible y vivido en primera persona, lo cual le dio un anclaje experiencial directo a las tendencias ambientales que se presentarían a continuación.

Este punto de partida estableció tres condiciones para el resto de la sesión. Primero, un grupo que percibe el deterioro climático de forma unánime pero que lo procesa desde lo local y lo visible, no desde la abstracción global. Segundo, una insatisfacción mayoritaria con la movilidad actual que convive con dependencia del auto propio. Tercero, una preocupación ambiental que se declara alta pero que aún no se traduce en cambios radicales de comportamiento. Estas tres tensiones, conciencia sin acción proporcional, insatisfacción sin alternativas percibidas, preocupación sin ruptura de hábitos, fueron el terreno sobre el cual se construyó el ejercicio.

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Paso 2 – Un marco en común

Antes del juego, la sesión estableció un marco de referencia compartido a partir de tendencias extraídas del reporte Blackbot Trends 2026. Las tendencias seleccionadas cubrieron dos categorías: ambiente y movilidad.

Ambiente

  • Custodia territorial aborda cómo el cuidado ambiental deja de depender exclusivamente del Estado central y se reorganiza desde comunidades que gestionan directamente agua, suelo y biodiversidad. Comunidades indígenas en México ampliando sistemas de captación de lluvia, niños participando en agroecología en el primer municipio agroecológico del país, una joven aymara en Bolivia restaurando un lago con plantas nativas. La tendencia muestra que el conocimiento territorial produce resultados verificables y que la gestión local puede cubrir vacíos que las instituciones formales no están cubriendo. El riesgo señalado: romantizar lo local sin garantizar derechos, recursos ni protección.
  • Electrificación opaca examina los costos ocultos de la transición hacia vehículos eléctricos. Infraestructura informal, economías extractivas inestables y promesas corporativas incumplidas muestran que el cambio tecnológico no equivale automáticamente a justicia ambiental. Los costos se trasladan geográficamente hacia el Sur Global y socialmente hacia trabajadores, comunidades y usuarios finales. El problema identificado es la forma acelerada y desigual en que se está desplegando la electrificación, donde el foco en emisiones oculta impactos laborales, extractivos y urbanos.

Movilidad

  • Autonomía operativa describe cómo la conducción autónoma entra en fase de operación real. Trenes automatizados en Taiwán, vehículos sin conductor circulando en carreteras del País Vasco, Waymo integrándose en la app de Uber en Austin, Suiza autorizando vehículos autónomos en autopistas. La movilidad empieza a gestionarse como infraestructura digital integrada donde conducir pasa de ser habilidad humana a función delegada a sistemas técnicos. El mercado proyectado alcanza 114,500 millones de dólares en 2029.
  • Cabina sensorizada aborda cómo el interior del vehículo se transforma en un entorno que observa, interpreta y ajusta la experiencia del conductor. Sensores biométricos, cámaras, pantallas envolventes y monitoreo cognitivo convierten al automóvil en interfaz activa. El valor competitivo se desplaza de la mecánica al software. El mercado de sistemas de monitoreo del conductor crecerá de 2,100 millones a 6,000 millones de dólares en 2034. La tensión central: dónde termina la asistencia y dónde empieza la vigilancia.
  • Movilidad saturada documenta cómo la congestión urbana se consolida como resultado estructural de crecimiento desalineado. Ciudad de México registra 52% de congestión, Barranquilla presenta la velocidad promedio más baja del mundo, Lima acumula hasta 150 horas anuales perdidas en tráfico por conductor. El 76% de las 500 ciudades analizadas por TomTom se volvieron más lentas en 2024. La congestión es síntoma de una desconexión profunda entre movilidad, uso de suelo y modelo urbano.

La presentación de estas cinco tendencias permitió que los participantes entraran al juego con algunas señales sí, pero, sobre todo, que pudiesen comprender mejor de dónde provenían las tarjetas del juego. El objetivo fue que la conversación posterior no partiera de opiniones generales sino de fuerzas documentadas que están reconfigurando el presente, aunque siempre se aclara que es solo una perspectiva, una que se puede romper, moldear, cuestionar y/o rediseñar.

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Paso 3 – El juego Otros Futuros

Los participantes se organizaron en equipos de 4 y eligieron su temática: medio ambiente o movilidad. Cada jugador seleccionó un arquetipo distinto, recibió una carta de personaje y 5 fichas. El juego avanzó turno a turno: colocar una ficha en la mesa conectada por colores coincidentes, robar una nueva para mantener siempre 5 en mano, y construir colectivamente una cuadrícula de 4×4.

Las fichas de «Evento» funcionaron como interrupciones imprevistas que distorsionaron planes individuales y obligaron a recalcular estrategias. Cada carta de evento representó una variable externa que ninguno controlaba: una crisis energética, un cambio regulatorio, un desastre natural.

La dinámica central del juego replica una tensión real: cada jugador tiene una visión legítima de cómo resolver el problema, pero si todos empujan exclusivamente su propia agenda, el tablero no se completa y el sistema colapsa. Cooperar implica ceder espacio a visiones ajenas. Competir puede dar ventaja temporal pero incrementa el riesgo de que nadie gane.

Resultado: la crisis ganó

En esta partida, el juego ganó, es decir, las fichas se agotaron antes de completar la cuadrícula. Los participantes no lograron colaborar a tiempo. Sofía acumuló 8 puntos, Diego 9, Marina 10 y Rodrigo 7, pero ninguno de esos puntajes individuales importó porque el resultado colectivo fue el fracaso. La crónica generada por el juego lo describe con precisión: en 2050, la inmovilidad selló el destino. Logística aérea baja, patines compartidos y bicicletas de carga fueron engullidos por la superpoblación y la infraestructura en ruinas.

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Aprendizajes del juego

El hecho de que la crisis haya ganado no fue un fracaso del ejercicio. Fue el aprendizaje central. Lo más revelador es que los jugadores sí intentaron cooperar. No hubo sabotaje ni indiferencia. El grupo quiso coordinarse, cedió turnos, intentó equilibrar colores, y aun así perdió. Eso hizo visible la magnitud real del problema: incluso con buena voluntad y disposición a colaborar, la complejidad del tablero superó la capacidad de organizarse a tiempo.

Los participantes se dieron cuenta de lo difícil que es priorizar cuando cada turno exige decidir entre lo que conviene ahora y lo que funciona a largo plazo. Varias decisiones que parecían razonables en el momento como por ejemplo, colocar una ficha que resolvía el turno inmediato, atender la urgencia de completar una sección del tablero, terminaron cerrando opciones para turnos posteriores. El juego hizo tangible algo que las tendencias de movilidad saturada y gestión ambiental documentan con datos y es que casi siempre se toman decisiones pensando en el bien inmediato pero no en las consecuencias acumuladas a largo plazo. Y cuando el costo de esas decisiones cortoplacistas se hace evidente, ya no quedan fichas para corregir.

Este resultado permitió tres observaciones concretas.

  • Primera: la cooperación no basta con intenciones; requiere mecanismos explícitos de coordinación y una lectura compartida de las consecuencias futuras de cada decisión presente.
  • Segunda: cada jugador tenía una lógica válida dentro de su perspectiva, pero la suma de lógicas válidas individuales no produce automáticamente un resultado colectivo funcional.
  • Tercera: el tiempo es un recurso no renovable en estos problemas. Cuando se acaba sin haber construido la cuadrícula completa, ya no hay oportunidad de corregir.

Paso 4 – ¿Qué podríamos hacer hoy?

El cierre de la sesión se centró en traducir la experiencia del juego y las tendencias en acciones concretas. La consigna fue directa: ¿qué podríamos hacer hoy para evitar que ocurran o no estos escenarios? Las respuestas de los participantes operaron en tres registros.

Investigar y observar

Varias propuestas apuntaron a entender mejor el sistema antes de intentar cambiarlo. “Investigar qué onda con la movilidad” fue la formulación más directa: no dar por hecho cómo funciona el transporte, sino dedicar tiempo a conocerlo. Otra propuesta amplió el enfoque: que cada idea propuesta permita observar cómo se conecta con otras y qué consecuencias tiene. Esto refleja uno de los aprendizajes clave de las tendencias presentadas: la movilidad no es un problema aislado, está conectada con uso de suelo, energía, contaminación, salud y economía.

Experimentar en primera persona

El segundo grupo de respuestas se enfocó en cambiar la relación personal con la movilidad. “Experimentar la multimodalidad en mis decisiones de movilidad” propone dejar de usar un solo medio de transporte y probar combinaciones. “Observar, experimentar, vivir las distintas alternativas de movilidad en mi colonia, alcaldía, ciudad para mejorar mi voto y decisiones personales en mi entorno” conecta la experiencia directa con la participación ciudadana. “Caminata & tacos” y “hacer el proyecto sonoro + caminar” proponen recuperar el desplazamiento como experiencia sensorial, no como trámite. “Movilidad como salud mental” redefine el traslado desde su impacto en el bienestar, no solo en la eficiencia.

Escalar la conversación

Una propuesta se distinguió por su ambición: “hablar con mis autoridades para llevar este juego a niveles de gobierno / líderes políticos”. Esta respuesta toma el mecanismo del juego Otros Futuros y lo proyecta como herramienta de facilitación en espacios de decisión pública. La lógica es clara: si el juego hizo visible que la falta de coordinación entre visiones produce colapso, ese mismo ejercicio podría ser útil para quienes toman decisiones reales sobre transporte, infraestructura y política ambiental.

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Conclusión

La sesión de febrero dejó un aprendizaje dicho por uno de los participantes que no estaba en las tendencias ni en las encuestas iniciales: «la cooperación intentada y fallida duele más que la cooperación nunca intentada». Los jugadores no perdieron por egoísmo. Perdieron porque la estructura del problema es más grande que la voluntad de resolverlo cuando esa voluntad se activa tarde y opera turno a turno, sin una visión clara y compartida de hacia dónde va el tablero completo.

Eso es exactamente lo que está pasando con el medio ambiente y la movilidad fuera del juego. Hay conciencia (el 100% del grupo siente el calor, el 100% dice que le importa), hay insatisfacción (el 67% no está contento con cómo se mueve), hay incluso deseo de que las cosas sean diferentes (el 67% pide mejor transporte público). Pero entre la conciencia y la acción coordinada hay un vacío que se llena con decisiones de corto plazo, por ejemplo, usar el auto porque es lo que funciona hoy, postergar la multimodalidad porque requiere esfuerzo, esperar que alguien más resuelva la infraestructura. Cada una de esas decisiones es racional en su turno. Acumuladas, producen el mismo resultado que en el juego: las oportunidades se acaban.

Lo que esta sesión puso sobre la mesa es que el problema no es falta de información o de sensibilidad. Al menos en esta sesión, los participantes ya tenían ambas cosas antes de sentarse a jugar. El problema es que las decisiones que importan para el largo plazo son incómodas en el presente, y las que alivian el presente comprometen opciones futuras. Eso no se resuelve con más datos ni con más preocupación o diagnósticos. Se resuelve con mecanismos que obliguen a ver las consecuencias acumuladas antes de que sea demasiado tarde, y con la disposición a tomar decisiones que no rinden frutos hoy pero que mantienen el tablero abierto para mañana.

Las microacciones que propuso el grupo (investigar, caminar, experimentar otros medios, llevar el juego a líderes políticos) no son respuestas proporcionales al tamaño del problema. Pero son algo que la partida del juego no tuvo, la posibilidad de un siguiente turno. La sesión terminó, la crisis ganó en el tablero, y los participantes salieron con la pregunta: ¿qué hago mañana con lo que acabo de sentir? Esperamos que tal y como lo expresaron en la sesión esas microacciones se sostengan a largo plazo y nos permitan habitar mejor.

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