Consumir el mundo

septiembre 30, 2025

El reto

En la sesión de septiembre partimos de dos prácticas cotidianas que atraviesan la vida contemporánea: comprar y viajar. Ambas aparecen, en la experiencia de las personas, como espacios de comodidad, deseo y disfrute, pero también como territorios donde se acumulan tensiones, contradicciones y malestares. Las compras en línea se han normalizado como parte de la vida diaria, impulsadas por el ahorro, la inmediatez y la facilidad de acceso. Al mismo tiempo, el turismo sigue siendo una de las formas privilegiadas de búsqueda de sentido, descanso y descubrimiento personal, aun cuando sus impactos ambientales y sociales resultan cada vez más visibles.

En el caso de las compras en línea, el reto emerge cuando la lógica de conveniencia y precio se combina con sistemas de estímulo constante. El contenido deja de ser informativo o recreativo para convertirse en un canal permanente de activación del consumo. La experiencia de compra se diluye en una secuencia continua de clics, promociones y créditos disponibles, donde la frontera entre necesidad, deseo y acumulación se vuelve difícil de distinguir. Aparecen así preocupaciones ligadas al endeudamiento, la generación de desechos, la saturación de objetos y una relación cada vez más automática con el consumo.

En el turismo, el desafío se manifiesta desde otro ángulo. Viajar sigue siendo una aspiración profundamente valorada, asociada al aprendizaje, la conexión con la naturaleza y el encuentro con otras culturas. Sin embargo, la masificación, el aumento de temperaturas y el deterioro de los territorios han llevado a un punto crítico. Destinos saturados, comunidades desplazadas y ecosistemas frágiles evidencian que el modelo dominante ya no es sostenible. El turismo comienza a generar conflicto: entre quienes visitan y quienes habitan, entre el deseo de conocer y la necesidad de preservar.

El reto compartido que aparece al observar ambas prácticas es claro: ¿cómo evitar que dinámicas diseñadas para facilitar y enriquecer la experiencia cotidiana terminen erosionando nuestra relación con los objetos, los lugares y el entorno que habitamos?

La propuesta de solución

En lugar de discutir si comprar en línea o viajar es bueno o malo, se decidió observar qué ocurre cuando esas prácticas continúan sin freno, sin pausa y sin ajustes conscientes.

Para ello se trabajó con dos tendencias del Tendencetario 2025: Buffet de compras en vivo y Turismo a fuego lento

Cada una permitió construir escenarios hacia 2040 con un contexto definido, un artefacto reconocible, consecuencias concretas y dilemas visibles en la vida diaria.

El trabajo se centró en desplazar experiencias conocidas hacia futuros posibles. La compra permanente, el acceso ilimitado al crédito, la saturación de destinos y el aumento de restricciones se tradujeron en escenarios donde las decisiones cotidianas tienen efectos prolongados sobre el consumo, el territorio y la relación con el entorno.

A partir de esos escenarios, el ejercicio avanzó hacia el plano emocional y práctico. Las personas identificaron cómo se sentirían viviendo en esos futuros y qué ajustes podrían comenzar a introducir desde ahora en sus hábitos, límites y elecciones. El recorrido permitió conectar proyección, emoción y acción como partes de un mismo proceso.

Proceso

Paso 1 – Nuestra relación cotidiana con comprar y viajar

La sesión inició preguntando a las personas por su relación actual con las compras en línea y con el turismo. Las respuestas mostraron una adopción amplia y diversa de las compras digitales: desde quienes compran casi todo en línea por precio y comodidad, hasta quienes las usan de forma selectiva o con desconfianza. Aparecieron prácticas como el window shopping, la investigación exhaustiva de precios, la preferencia por productos no presenciales y una convivencia ambigua con las estrategias de marketing y las promociones masivas.

En turismo, las respuestas estuvieron atravesadas por el deseo de viajar, descubrir y moverse, pero también por una conciencia creciente del impacto. Se mencionaron la saturación de destinos, el rechazo a temporadas altas, la búsqueda de experiencias locales, el interés por el turismo responsable y una distancia frente a la narrativa aspiracional de agencias e influencers. Viajar aparece como una práctica valiosa, pero cada vez más tensionada.

Este primer paso permitió reconocer que si bien ambas prácticas están profundamente integradas en la vida cotidiana, están siendo cada vez más cuestionadas.

Turismo

Paso 2 – Un marco en común

Como ya mencionamos anteriormente, se introdujeron dos tendencias de nuestro Tendencetario 2025, utilizadas como lentes culturales para ampliar la conversación.

Las dos tendencias trabajadas en la sesión operan sobre la misma variable: la gestión del exceso.

En Buffet de compras en vivo, el exceso se manifiesta en estímulos, en objetos y en capacidad de compra. La combinación de contenido continuo, validación social y crédito inmediato elimina los cortes naturales del consumo. Comprar deja de tener inicio y cierre claros. La experiencia se vuelve repetitiva, acumulativa y difícil de detener, con efectos directos en el endeudamiento, la generación de desechos y la relación con los objetos, que pierden duración y valor de uso.

En Turismo a fuego lento, el exceso aparece en la saturación de personas, infraestructuras y territorios. El volumen de visitantes, sumado al impacto climático, obliga a introducir límites: cupos, regulaciones, encarecimiento y mediación tecnológica. El viaje se desacelera de forma forzada. El acceso se reduce y la experiencia se redefine bajo condiciones de control, exclusión y sustitución parcial por formatos virtuales.

En ambas tendencias, el sistema mantiene el consumo como eje central, pero desplaza el peso del control hacia las personas. Se habilita la compra constante y el deseo de desplazamiento, al mismo tiempo que se exige autocontrol, conciencia ambiental o responsabilidad financiera. Consumir sigue siendo la norma, pero ahora bajo la carga de gestionar sus efectos. La experiencia cotidiana se vuelve ambigua: se invita a participar sin freno y, a la vez, a hacerse cargo de las consecuencias de ese exceso.

Buffet
Turismo

Paso 3 – Escenarios hacia 2040

Para construir escenarios, se les dio a los equipos una base compartida que funcionó como andamiaje narrativo. La intención fue evitar ideas sueltas y asegurar que cada escenario tuviera estructura, evidencia y dilema. El formato propuesto fue:

  1. Contexto (el mundo en 2040): “Estamos en el año _____. El mundo se transformó porque ______.”

  2. Evidencia (el artefacto): “Hoy usamos/tenemos _____ que nos permite ______.”

  3. Consecuencia (impacto en la vida cotidiana): “Esto ha cambiado la forma en que ______.”

  4. Tensión o dilema: “Pero también enfrentamos el reto de ______, lo que nos hace preguntarnos si este futuro es realmente deseable.”

  5. Cierre (mirada personal/colectiva): “En este futuro, nosotros ______.”

Con ese marco, cada equipo elaboró un escenario completo.

Escenario 1 – Buffet de compras en vivo

Contexto (2040). Estamos en el año 2040. El mundo se transformó porque todo el contenido se convirtió en un llamado a la compra.

Evidencia (artefacto). Hoy usamos créditos de cualquier cantidad, provenientes de entidades digitales, que nos permiten comprar sin límite.

Consecuencia (vida cotidiana). Esto cambió la forma en que compramos, acumulamos y desechamos productos, y la manera en que nos relacionamos con las marcas.

Tensión o dilema. Pero también enfrentamos el reto de tener un control o una gestión responsable de nuestros presupuestos y desechos, lo que nos hace preguntarnos si este futuro es realmente deseable.

Cierre (mirada personal/colectiva). En este futuro, nos sentimos agobiados por la cantidad de gastos y artículos que compramos sin una reflexión de compra que define la experiencia.

Estamos en el año 2040. El mundo se transformó porque todo el contenido se convirtió en un llamado permanente a la compra. Hoy existen créditos de cualquier cantidad ofrecidos por entidades digitales que permiten comprar sin límite, sin pausas ni fricciones reales. Esta disponibilidad constante cambió la forma en que compramos, acumulamos y desechamos productos, así como la manera en que nos relacionamos con las marcas y con los objetos que entran y salen de nuestras casas. Comprar se volvió una acción automática y recurrente, integrada al consumo de contenido y al tiempo cotidiano. Al mismo tiempo, enfrentamos el reto de mantener algún tipo de control o gestión responsable de nuestros presupuestos y de los desechos que generamos, lo que abre la pregunta sobre si este futuro es realmente deseable. En este escenario, la experiencia cotidiana está marcada por el agobio: la sensación de gastar demasiado, de acumular artículos sin reflexión previa y de vivir rodeados de objetos que pierden valor rápidamente.

Escenario 2 – Turismo a fuego lento

Contexto (2040). Estamos en el año 2040. El mundo del turismo se transformó porque hubo un colapso debido a un exceso de viajeros y al incremento de las temperaturas.

Evidencia (artefacto). Hoy usamos un paraguas inteligente que sale de tu teléfono y ropa especial para proteger y ventilarte de las altas temperaturas del exterior.

Consecuencia (vida cotidiana). Esto ha cambiado la forma en que viajamos: por el exceso de personas el turismo presencial está muy limitado, hay poca movilidad y pocos lugares disponibles. Prolifera el turismo virtual con costos similares o más caros por la tecnología que implica y por la demanda para “visitar” ciertos lugares.

Tensión o dilema. Pero enfrentamos el reto de que esa tecnología creada está sumando al calentamiento global, lo que nos hace preguntarnos si este futuro también es deseable.

Cierre (mirada personal/colectiva). En este futuro, quienes conocimos el turismo real o tradicional no sentimos la misma experiencia.

Estamos en el año 2040. El mundo del turismo se transformó después de un colapso provocado por el exceso de viajeros y el incremento sostenido de las temperaturas. Hoy se utilizan dispositivos como paraguas inteligentes que emergen del teléfono y ropa especial diseñada para proteger y ventilar el cuerpo frente al calor extremo. Estas condiciones modificaron profundamente la forma de viajar: el turismo presencial está fuertemente limitado, la movilidad es reducida y existen pocos lugares disponibles para visitar físicamente. Como resultado, proliferan experiencias de turismo virtual que tienen costos similares o incluso más altos, debido a la tecnología que requieren y a la alta demanda por acceder a ciertos destinos. Al mismo tiempo, surge el dilema de que estas soluciones tecnológicas contribuyen al calentamiento global, sumando presión a un entorno ya deteriorado. En este futuro, quienes conocieron el turismo tradicional no logran sentir la misma experiencia ni el mismo vínculo con los lugares, y viven el viaje con una sensación persistente de pérdida.

Futuros-2040

Lectura de los escenarios

El escenario Buffet de compras en vivo proyecta un futuro de continuidad intensificada. No introduce una ruptura tecnológica radical, sino la normalización total de dinámicas ya presentes: contenido convertido en canal de venta, crédito permanente y ausencia de fricción en la compra. El artefacto central, créditos digitales ilimitados, funciona como acelerador de una economía basada en la acumulación y el descarte. El escenario muestra un futuro donde el consumo no se cuestiona, pero sí se vuelve emocionalmente insostenible. La vida cotidiana aparece marcada por el agobio, la ansiedad y la necesidad constante de autocontrol individual frente a un sistema que incentiva el exceso de forma estructural.

Por su parte, Turismo a fuego lento representa un futuro de colapso administrado. El turismo no desaparece, pero se transforma bajo condiciones de límite, escasez y control. El artefacto, ropa adaptativa y dispositivos tecnológicos para enfrentar el clima, señala un mundo donde el entorno ya no es hospitalario y donde la experiencia de viajar depende de mediaciones técnicas costosas. El escenario expone una pérdida acumulada de movilidad, de contacto directo con los territorios y de aprendizaje vital. La proliferación del turismo virtual no aparece como alternativa deseada, sino como sustitución forzada frente a la imposibilidad de sostener el viaje físico tal como se conocía.

Leídos en conjunto, ambos escenarios describen futuros donde el consumo sigue siendo central, pero bajo condiciones distintas de desgaste. En uno, el exceso se expresa en la acumulación; en el otro, en la restricción y la sustitución de la experiencia. En ambos casos, el sistema mantiene la invitación a consumir, objetos o lugares, mientras traslada a las personas la responsabilidad de gestionar las consecuencias emocionales, ambientales y materiales de ese consumo.

Paso 5 – Microacciones

Después de recorrer los escenarios y de reconocer las emociones que activan, la conversación se desplazó hacia el presente, con la intención de identificar ajustes concretos en prácticas ya existentes.

En Buffet de compras en vivo, las microacciones se orientaron a reintroducir fricción en un sistema diseñado para eliminarla. Apareció con fuerza la necesidad de volver a preguntarse por el sentido de cada compra, de distinguir entre lo que se necesita y lo que solo se desea en el momento. Varias personas propusieron limitar deliberadamente el acceso al crédito, reducir el número de tarjetas activas, guardar los datos de pago y desactivar notificaciones que empujan a comprar de forma automática. También surgió la práctica de depurar objetos de manera periódica, reducir la cantidad de cosas en casa y extender la vida útil de los productos mediante segundas oportunidades, intercambios, ventas de garage o circulación dentro de la familia. Comprar local, buscar artículos de segunda mano y participar en proyectos de compras a granel aparecieron como formas de desacelerar el consumo y recuperar una relación más consciente con los objetos.

En Turismo a fuego lento, las microacciones se centraron en la forma de habitar y recorrer los territorios. Las personas hablaron de informarse mejor antes de viajar, respetar las reglas locales y comprender las condiciones ambientales y culturales de cada lugar. Apareció la importancia de conversar con habitantes locales, elegir proyectos y alojamientos responsables, reducir el consumo de agua y energía, y cuidar los productos que se utilizan en entornos naturales. También se mencionó la necesidad de dejar de entender el turismo como un acto de exhibición y volver a vivirlo como experiencia de aprendizaje. Conocer la propia ciudad, explorar destinos cercanos y asumir un rol activo en el cuidado de los lugares que se visitan se plantearon como formas de reducir el impacto sin renunciar al viaje.

En ambos casos, las microacciones se plantearon como ajustes concretos en prácticas ya existentes. Limitar, pausar, reducir, elegir distinto y prestar más atención aparecieron como formas de volver más habitables las rutinas de compra y de viaje. Esto nos muestra que no siempre se trata de cambiar todo, sino de intervenir puntos específicos donde el exceso, la velocidad o la comodidad han dejado de ser sostenibles.

Microacciones-comprar-viajar

Conclusión

A lo largo de la sesión se volvió visible que comprar y viajar se han convertido en prácticas continuas que rara vez ofrecen un punto de pausa. En las compras, el flujo de contenido, crédito y disponibilidad mantiene la acción en movimiento permanente. En el turismo, las restricciones, el clima y la mediación tecnológica exigen planificación, adaptación y control constantes. En ambos casos, la experiencia se sostiene sin descanso.

Los escenarios hacia 2040 amplificaron esa condición. El consumo permanente deriva en acumulación, cansancio y dificultad para sostener una relación estable con los objetos. El viaje limitado y altamente mediado produce pérdida de contacto directo con los territorios y una sensación persistente de distancia con la experiencia. Lo que podría para algunos ser cotidiano se convierte en un ejercicio de esfuerzo, ajuste y gestión continua.

Las emociones expresadas durante el ejercicio, agobio, ansiedad, nostalgia, frustración, atravesaron ambos escenarios y funcionaron como indicadores de desgaste. No señalaron rechazo a las prácticas, sino cansancio frente a la forma en que se viven cuando no existe margen para detenerse, elegir distinto o simplemente no participar.

Las microacciones formuladas introdujeron intervenciones pequeñas en ese flujo continuo. Poner límites al crédito, reducir objetos, apagar estímulos, elegir destinos cercanos, cuidar recursos y respetar territorios aparecieron como maneras de modificar el ritmo de prácticas ya instaladas. 

La sesión dejó abierta una pregunta más compleja que no se puede cerrar con una respuesta binaria: qué significa seguir comprando y viajando cuando esas prácticas ya no operan como promesas de bienestar, sino como sistemas que exigen gestión constante, adaptación permanente y costos que se acumulan. Quizás no se trata de decidir si continuar o detenerse, sino de reconocer que esas prácticas ya no pueden sostenerse del mismo modo sin consecuencias profundas.

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